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Una senderista en Málaga
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Hay muchas formas de ver el mundo, una de ellas es caminando por senderos serpenteantes y descubriendo pequeñas experiencias a cada paso. myspace layouts, myspace codes, glitter graphics Mis viejas botas, de tanto andar, ya viejas y rotas, las dejaré descansar. Image Hosted by ImageShack.us Image Hosted by ImageShack.us
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RELATO DE UNA EXPEDICIÓN PERDIDA

 

I

 

 

El sol, oscurecido por la bruma matinal, desperezó sus rayos clareando el horizonte del este, el campamento ya comenzaba a presentar actividad, no demasiada pues debido a la altitud, muchos de los expedicionarios aún permanecían adormilados en los confortables sacos de dormir. Allí, al abrigo de sus menudas tiendas de campaña, se sentían como si un retazo de su lejano hogar estuviera con ello.
El exterior era gélido, frío y cortante el viento que soplaba desde las distantes cumbres nevadas, aquellas agujas que rasgaban el cielo azul oscuro desafiando con su blancura las estrellas del firmamento. Uno de los cocineros dejo atrás la tienda-cocina buscaba algo que la noche anterior dejo en el exterior, en su idioma maldecía su imprudencia, algo tan importante para él no debía haberlo dejado así como así abandonado a la suerte de un furioso viento nocturno.
El hombrecillo de oscuro y revuelto cabello, caminaba con cierta dificultad por el suelo empedrado mirando de un lugar para otro, vio algo oscuro en la distancia, debía atravesar un nevero que para él no presentaba dificultad, al hacerlo, fijándose en donde ponía los pies, descubrió algo que lo paralizó al momento.
Allí, delante suya a menos de un metro, unas huellas se hundían en la dura nieve, eran enormes y extrañas. Se acercó un poco más para observarlas mejor y se dio cuenta de que eran mucho más grande que su cabeza y que tenían una misteriosa forma humana…

 

 

II

 

Alann observaba el  molde de la huella sobre su mesa de campamento, reflexionaba mientras se mecía la barbilla canosa, sus intensos ojos azules miraban aquel objeto de yeso que para él tenía un gran significado y los recuerdos del pasado volvieron a su racional mente como una película.
Aquel año, lejano en el tiempo, formaban una expedición de jóvenes científicos con más ganas de aventuras que equipo técnico para realizar el trabajo; aunque experto escalador, nunca había estado tan cerca de aquellas impresionantes cumbres que formaban la columna vertebral del mundo.
El ascenso por el glaciar había resultado penoso por la dificultad, pero él estaba excitado por la emoción y nada parecía enturbiar su alegría, esto lo contagiaba al resto del equipo que se sentían muy a gusto en compañía de aquel joven de brillante carrera, antropólogo y biólogo, entre otras especialidades.
Pero, la tragedia los visitó aquel luminoso día. Sin esperarlo, escucharon un tremendo trueno que los paralizó a todos de inmediato, la cordada principal estaba fuera del glaciar, pero Alann y algunos compañeros seguían sobre la dura nieve. El trueno fue tal que su sonido galopó entre las nevadas cumbres durante lo que apreció una eternidad y entonces le siguió el crujido, parecía como si la montaña se hubiera roto, todos giraron lentamente la cabeza hacia la cima principal, la gran mole que coronaba el cielo sobre sus cabezas, de aquella montaña de nombre diabólico se desprendió una gran masa de nieve, que similar a una gigantesca ola blanca descendía a una velocidad imparable.
Corrieron todo lo que pudieron y más, pero el hielo bajo sus pies no era precisamente lo más adecuado para las piernas humanas. La mole blanca los alcanzaría irremediablemente, los demás del grupo les gritaban desesperados, pero ni Alann y los otros podían oírles.
Un golpe tremendo de aire los derribó, Alann cayó rodando junto con sus compañeros, uno tras otros giraban sin control. Él se sentía desesperado, el alud lo arrastraría y acabaría con su joven y prometedora vida, no se había casado ni si quiera había conocido a la mujer de sus sueños, quería ser profesor en la Gran Universidad y terminar su proyecto.
Sin saber como, su instinto de supervivencia debió actuar más deprisa que su mente y consiguió soltarse de la cordada, se aferró a su piolet que más bien parecía un gran martillo afilado, aún no existían esos maravillosos piolet técnicos, y consiguió anclarse al duro hielo del glaciar.
Todo sucedía a gran velocidad, a tanta como la del descenso del alud, soltó aire al ver que se encontraba cerca de la pared de roca, pero dejó de respirar al contemplar como aquella ola blanca avanzaba para tragárselo…

 

 

III
-¿Otra vez soñando?
La dulce voz de Marinia lo sacó de su pasado transportándolo repentinamente al presente, Marinia lo conocía bien desde hacía muchos años y Alann siempre la había amado y seguía perdido en su sonrisa, es sus grandes y expresivos ojos, en el contorno de su figura…
La mujer observó atenta el monde de la huella gigantesca, había estudiado las fotos y la pieza:
-Es posible que el hielo halla desfigurado una huella inicial dándole este aspecto – dijo ella mientras se sentaba en un banquito plegable.
-Hay veinticuatro pares de huellas que según tu opinión el hielo ha distorsionado.
-¡Alann, por dios!, no creerás que son de un yeti…
El hombre la miro de reojo y no contestó. Él creía fervientemente en la existencia de unos seres antropomorfos que vivían escondidos en aquellas montañas, los había visto. Sacó de una vieja mochila un cuaderno de cuero desgastado, en sus amarillas páginas él había escrito lo que vivió en la catástrofe del alud, aquello seres, fueran quieres fueran, le habían salvado de una muerte segura en aquella tumba blanca.
-Tú nunca has creído en mi relato, verdad, nunca diste crédito a lo que vi.
-Te equivocas, yo si creo en que tuviste un sueño, lo que no concibo es que ese sueño sea real, los hombres de las nieves no existen, son leyendas de un pueblo asustadizo y supersticioso…
Alann sabía que ella era una mujer con los pies en la tierra, a pesar de ser una aventurera emprendedora y muy intuitiva, sin embargo, Marinia había achacado sus visiones al mal de altura y a los días de vagabundeo sin alimento ni bebidas. Pero, algo fallaba en todo aquello, cuando lo encontraron, totalmente desorientado y con síntomas de congelación en manos y pies, los médicos se sorprendieron al darse cuenta de que no había sufrido ni un solo arañazo, golpe o contusión grave debido al arrastre del alud, cuando en realidad debía estar muerto, al menos eso era lo lógico.
Marinia, seguía mirándolo con una expresión risueña, ella era más joven que él, la conoció cuando era una estudiante de arqueología, una veinteañera descarada e inteligente, él era un cuarentón soltero y atractivo, con fama de aventurero que tenía loca a casi todas las chicas de la universidad. De aquello hacía ya diez años y Marinia cambió la arqueología por la meteorología, un cambio bastante radical, pero así era ella.
-Creas lo que creas – dijo Alann releyendo aquel viejo cuaderno – estoy cada día más cerca de descubrir al mundo  el más importante hallazgo de todos los tiempos, para eso hemos venido aquí…

 

 

 

IV

 

El campamento base estaba compuesto por una expedición con dos fines distintos, por un lado era de carácter científico subvencionado, principalmente, por la Gran Universidad, como jefe y organizador de todo aquello, Alann era el responsable, pero por otro lado, un grupo reducido de compañeros, tenían una misión distinta, más comercial y deportiva.
Se pretendía alcanzar la cumbre de una de las montañas más inaccesibles hasta el momento. Tres expediciones de experimentados montañeros habían intentado dominar aquella mole blanca y todas habían fracasado, lo peor era el número de muertos en el intento. La montaña no deseaba ser dominada, aludes y tormentas hacían que su ascenso fuera casi imposible y a su vez, aquello que impedía su coronación, hacía que los montañeros y escaladores del mundo desearan acercarse a ella.
Renecc era un hombre joven e impetuoso, de buen carácter y muy centrado cuando se trataba de escalar o arriesgar la vida en algún loco deporte de aventura, le gustaba la cerveza más de lo que él podía admitir y nunca consentía que otros fueran mejor que él en lo que hacía. Tenía un patrocinador envidiable, un mecenas o “padrino”, como algunos lo llamaban, y a él le correspondía el éxito o fracaso de la llegada a la cumbre. Renecc era un admirador del Alann y creía sin discusión en la existencia de una raza distinta al hombre en aquellas tierras lejanas e inhóspitas.
Renecc había estado dos días fuera del campamento base, junto con dos sherpas habías estado instalando el campamento III y el IV, cuando regresó, se enteró de inmediato de la aparición de las huellas y el revuelo que había levantado entre el grupo de científicos y los porteadores y sherpas, que murmuraban historias antiguas.
El joven, aún con todo el equipo de escalada puesto, se acercó a la tienda de Alann que lo esperaba en el exterior. La conversación, en un principio, era formal, pero Renecc sacó de una bolsita transparente y hermética algo de color marrón oscuro.
-Creo que esto te interesa – dijo muy contento.
Alann lo cogió y se quedó mirando aquello sin saber que era.
-Me has traído…, una…, mierda.
-¡Una mierda, Alann!, ¿te das cuenta? – Renecc estaba eufórico – la encontré cuando montábamos el campamento IV bajo un risco, por la consistencia y el color, calculo que tendrá unos cinco días o seis.
-¿La has tocado? – Alann estaba verdaderamente sorprendido y no daba crédito a aquello.
-¡Pues claro!, lo científicos tocáis todos ¿no?, no te parece extraño, una mierda a más de 6.000 mts de altitud por un lugar donde no pasa un ser humano en más de cuatro años. Te puedo asegurar Alann, que esto – dijo señalando la bolsita – no es de un zorro ni un leopardo de las nieves.

 

 

V

 

En la tienda comedor existía gran revelo, Renecc hablaba sin parar y comía como si no lo hubiera hecho en días, en realidad era cierto, él y sus dos sherpas habían pasado varias jornadas instalando los campamentos de altura y se habían estado alimentando de sopas y barritas energética. Como Renecc se había aclimatado bien a la altitud, ahora conversaba ruidosamente todo  lo que los días atrás no había podido hablar.
Marinia lo miraba de reojo, pensando que aquella noche no sería tranquila y silenciosa, ella absorbía la sopa caliente y de agradable sabor, el cocinero se había esmerado mucho en preparar la gran cena de aquella noche, sobre todo porque Renecc había estado alabando su gran categoría de chef, no era del todo cierto, pero aquel hombrecito de cabello revuelto siempre era amable y cortes con los miembros de la expedición.
Alann se encontraba ligeramente apartado de los demás, parecía perdido en sus pensamientos, pero en realidad esperaba los resultados del excremento que le trajera el joven Renecc. Su gran colaborador y encargado del laboratorio, había estado trabajando intensamente durante todo el día y debía seguir trabajando, pues ni él ni sus dos ayudantes se presentaron para cenar.
Marinia tomó un trocito de galleta salada y miró a Alann, su rostro reflexivo le resultaba a ella de lo más interesante:
-El pronóstico del tiempo será bastante favorable para el ascenso a la cumbre en estos días…, creo que Renecc debería aprovechar esta clama, la vertiente sur se vuelve inestable con las altas presiones.
-Si después de esta noche está preparado, seguro que partirá cuanto antes – dijo Alann sin mayor interés, la mitad de sus pensamientos seguían en otra parte.
En ese momento entró Jobs, el encargado del laboratorio, su gran cabeza calva brilló intensamente bajo la luz de la tienda comedor, Alann y él se conocía desde siempre y si Jobs había perdido el cabello en su juventud, Alann aún conservaba el pelo.
-Ya he terminado el análisis – dijo Jobs sentándose junto a su viejo amigo – tienes todos los resultados en el data traverler.
Alann tomo el pequeño objeto que más tarde insertaría en su portátil, pero ahora le interesaba saber lo que había descubierto Jobs, éste siguió hablando en voz baja:
-Puedo asegurarte que el excremento no es de origen humano ni de ningún otro mamífero conocido, quién defecó, se alimenta principalmente de cereales, frutas, soja y arroz…
Alann lo miró con cara de sorpresa y aprobó silenciosamente, Marinia, que lo había estado oyendo todo, dejó el cuenco vacío a un lado y divertida dijo:
-Vaya, Alann, parece que tu hombre de las nieves es vegetariano.

 

VI

 

Siguiendo  los consejos meteorológicos de Marinia, Renecc se preparó con junto con los dos sherpas que lo acompañaban y otros tres para comenzar el ascenso a la cumbre, la meta de su misión era coronar aquella “dama diabólica”, apodo que le dieron los primeros expedicionarios occidentales. Todo iba según lo acordado, aún debían motar un campamento más, el número V les serviría de apoyo a Renecc e Noow, el sherpa que ascendería con él, los otros descenderían hasta el campamento III y mantendrían las provisiones necesarias y ayuda que pudieran necesitar los escaladores en el descenso.
Renecc quería coronar sin oxígeno, pero para no arriesgar, ambos llevaban una botella en la mochila de ataque para evitar posibles desgracias y tener la oportunidad de realizar la conquista. En la última transmisión Marinia y Renecc hablaron sobre el viento, la nieve y los posibles cambios atmosféricos que pudieran retrasar o anular la subida a la cumbre. Alann también dio algunos consejos a su joven amigo y le pidió algo muy especial.
-Renecc, si te es posible, busca huellas o cualquier indicación de que algo no debería estar allí, se que estamos cerca de descubrir algo, pero no debes arriesgarte por este proyecto personal, tú sigue adelante y corona.
Esas fueron sus últimas palabras antes de que la transmisión fuera cortada.
Marinia se quedó sorprendida ante la petición de Alann, aquello no era normal, pedirle a un escalador que está arriesgando su vida en la cumbre en un ascenso que le llevaría a más de ocho mil metros de altitud, que busque huellas del yeti, era demasiado, incluso para un hombre como Alann.
-Esto te está obsesionando, no es lógico que le pidieras eso a Renecc, él debe concentrarse en el ascenso no en tus hombres de las nieves.
Alann la miró, estaba tan hermosa cuando se enfadaba, su cabello de un castaño rojizo parecía aún más vivo y su mirad desprendía una chispa que le resultaba irresistible.
-Renecc es un buen chico, no se desviará de su propósito – dijo mientras se acercaba a ella, ambos estaban solo en la tienda donde se instalaron todos los aparatos de transmisión y conexión con el satélite que el patrocinador de Renecc, les había “prestado” para esa ocasión.
Ella seguía furiosa:
-¡Deja a Renecc en paz! – casi le gritó, pero Alann siguió acercándose a ella.
Marinia permanecía de pie, inmutable mirando el rostro sereno de aquel hombre que comenzaba a invadir su espacio vital, estaba tan cerca… Él la abrazó son suavidad y la besó de manera tierna, prolongando el beso, Alann notó como la tensión del cuerpo femenino se desvanecía, deslizó sus manos por la espalda hasta sus redondos y bien formados glúteos, y agradeció de todo corazón, que Marinia no fuera una esclava de la moda mujer palo. Pero, ella separó su dulce boca y con sus manos, algo frías, le cogió las suyas separándose de él.
-Alann… - dijo algo turbada – ya sabes cual es mi regla número uno.
-Si, nada de sexo en el trabajo…
-Exacto, y esto, es trabajo.
VII

 

Coronar la cumbre de la “Dama Diabólica”, no supuso un gran trauma para Renecc ni su amigo sherpa Noow, les llevó una diez horas conseguir el ascenso hasta el pico final, bastante tiempo según lo planeado por el joven e intrépido escalador, pero lo consiguieron hacer sin utilizar las botellas de oxígeno y cuando llegaron hasta la pequeña plataforma nevada que formaba la cima, el sol rojizo les dio la enhorabuena. Habían estado toda la noche escalando, soportando un frío viento que parecía querer derribarlos de la pared oscura y gélida.
El amanecer les mostró unas imágenes que eran dignas para los ojos de un dios, porque así era como Renecc se sentía, eufórico y capaz de cualquier cosa, hizo algunas fotos e intentó llamar por radio al campamento base, pero la batería de único transmisor que se llevó, se habían descargado, suerte tuvo de que no ocurriera lo mismo con la cámara. Renecc se sintió un poco fastidiado por no poder compartir aquella gloriosa mañana con sus compañeros y se dio cuenta de que debían descender cuanto antes, llevaban demasiado tiempo allí arriba y empezaba a notar como sus manos se volvían algo insensibles debido al frío.
El descenso era la segunda y más importante parte de la conquista de una montaña, subir tenía merito, pero llegar vivo al campamento era el verdadero logro de cualquier montañero. Renecc y Noow comenzaron, lentamente el descenso, poniendo atención en todo lo que hacían. Deshacían el camino tomado en la subida, siguiendo sus huellas en la nieve, iban bastante bien y rápido, Renecc calculó que para llegar al campamento V quedarían unas dos horas cuando un fuerte viento casi huracanado, les sorprendió al alcanzar un pequeño collado que les llevaría hasta la pared por la que aún seguían colgadas las escaleras y cuerdas.
El viento era sorprendentemente frío y cortante, el joven se quedó sin espiración y notó como el aire helado dañaba sus pulmones. Aquello no tenía buena pinta, pensaba Renecc mientras descendía con lentitud y torpeza por una enclenque escalerita, Noow le seguía un poco más arriba, parecía decirle algo, pero Renecc no le oía, el viento furioso y terrible se llevaba sus palabras.
Ambos siguieron descendiendo y anclándose lo mejor posible para no ser derribado por la furia ventisca que comenzaba a arrastrar hacia ellos nieve y la acumulaba en las grietas y recovecos de la pared. Alcanzaron un pequeño escalón y descansaron un momento mirándose con poca disimulada preocupación:
-¡Noow, la tienda no queda lejos, pero la nieve se está acumulando con mucha rapidez, puede enterrarla, tenemos que estar atentos…! – gritaba Renecc para hacerse oír, el sherpa asintió.
El camino hacia la pequeña tienda roja era una pendiente más o menos angulosa, habían dejado cuerdas y sólo tenían que ir encordados y seguir el descenso siguiendo la línea de la cuerda, sus huellas ya habían desaparecido.
Renecc y Noow comenzaban a sentirse cansados y algo embotados, pasito a pasito bajaban sin ver casi nada, entre la nieve que arrastraba el viento y la oscuridad que comenzaba a reinar, no veían lo que tenían delante, Renecc pensaba que era raro que estuviera tan oscuro, según su calculo no debía ser más de las doce de la tarde, pero intentando ver el reloj, no sólo se dio cuenta de que eran más de las tres, sino de que había perdido el guante-manopla de la mano izquierda.
¿Dónde estaba su guante?, se preguntaba atónito, si no se lo había quitado, ¿cómo es que se le calló?
Se quedó allí parado mirándose la mano que estaba protegida por otro guante más fino, miraba su mano que no sentía, como si no existiera físicamente, pero allí estaba.
Noow se sentó a su lado, cansado respirando con mucha dificultad, diciendo algo en su idioma que Renecc no entendía, en la mente aturdida del joven, algo se abrió paso con lentitud “no debemos demorarnos aquí, levantar a Noow y seguir andando”. Como si fuera un autómata, Renecc obedeció a ese pensamiento y ambos siguieron descendiendo sin saber a dónde iban.

 

 

 

VIII

 

 

Marinia estaba verdaderamente preocupada, no habían podido conectar con el grupo de montaña, si Renecc siguió el programa inicial, ya debían haber hecho cumbre y encontrarse en el campamento de altura, entonces ¿por qué no llamaba?
Algo ocurría, Marinia miraba concentrada la pantalla que mostraba los últimos datos sobre cambios atmosféricos y la pinta que tenía no le gustaba nada, se avecinaba una tormenta y parecía que iba a ser muy grande. Según el último informe que recibieron de los sherpas del campamento III, por aquella altitud el viento ya azotaba con fuerza y la nieve lo cubría todo, ellos se sentían preocupados por Noow y Renecc y si las condiciones atmosféricas no hubieran sido tan adversas, habrían subido para averiguar que les había ocurrido.
Mientras, Alann preparaba su equipo de montaña, estaba dispuesto a subir con o sin tormenta para rescatar al joven Renecc y a su sherpa; realizaba un inventario del todo aquello que llevaría en la mochila, Jobs estaba con él, intentando convencerlo de que su idea era una autentica estupidez:
-Vamos Alann, sabes que con una tormenta no se puede subir…, no eres un jovenzuelo inexperto.
-La tormenta cesará, no suelen durar mucho en esta época del año y cuando lo haga, estaré preparado para subir, Renecc no se quedará ahí arriba perdido sin remisión…
-Ya perdiste otros antes, es inevitable cuando se hacen este tipo de ascensiones…
-Jobs, yo te admiro – dijo Alann serio y fijando sus azules ojos en aquel que era su amigo de casi toda la vida – pero no intentes hablarme del pasado, he dejado a muchos atrás, en esta montaña y en otras, pero en esta…, en esta no voy a dejar a nadie más.
En aquel instante entró uno de los ayudantes de Jobs, estaba muy exaltado, venía corriendo y consiguió decir algo sobre una transmisión en la tienda de Marinia. Alann y su amigo salieron tan rápido como se lo permitían sus piernas, entraron donde Marinia tenía sus ordenadores y la vieron allí, hablando a voces junto a la radio.
-¡…Renecc, Renecc…, tenéis que beber líquido, descansar y beber! – decía la joven intentando que sus palabras llegaran hasta su interlocutor. Casi al mismo tiempo que llegaba Alann y Jobs, el médico del grupo hizo su aparición y a empujones dejó atrás a los dos hombres, tomó la radio y comenzó a hacer preguntas.
Marinia miró desesperada a Alann:
-No están bien, Renecc parece ido dice cosas raras, debe sufrir mal de altura y está viendo visiones…, a demás ha perdido el guante de la mano izquierda y la tiene congelada…
La voz de Renecc se escucho bien clara, estaba llamando a Alann, quería hablar con él. Sin demorarse Alann se hizo con el control de la radio:
-Renecc…, descansa, bebed agua, dónde… - Alann se interrumpió, el joven le gritaba algo.
-Los he visto…, he visto tus…, hombres…, muchos…, estaban…., allí…, puerta… - la transmisión tenía tantos fallos que no conseguía llegar bien, se entrecortaba y tenía mucho ruido de fondo, pero Renecc seguía hablando – hice fotos…, puerta… - silencio.
La radio dejó de emitir de repente, todos se quedaron en silencio callados, esperando, pero ya no habría más transmisiones.
El médico miró a Alann.
-No sobrevivirán otra noche más allí arriba.

 

 

 

 

IX

 

Aquella noche había habido mucho revuelo en el campamento base, Alann estaba más que listo para salir en cuanto la tormenta dejara de azotar la montaña, estaba convencido que pronto lo haría, la conocía bien, no era la primera vez que se encontraba bajo su sombra y sabía que, como cualquier dama presumida, aquella mole piramidal le gustaba lucirse ante el sol y ante los hombres.
Pero, no subiría solo, Marinia se presentó en su tienda hecha una furia, iba vestida como para realizar el ataque a la cumbre y sólo le faltaba colocarse los crampones y la mochila sobre sus hombros.
-No me vas a dejar aquí, yo subo también.
-No es necesario Marinia, te necesito en el centro de…
-¡Ni hablar! – la joven le dio un empujón en el hombro – esta vez no me dejas atrás, a demás, no puedes subir solo necesitas compañeros de cordada, y sobre todo, Alann, me necesitas a mí.
El hombre la miraba dubitativo, por un lado, la compañía de Marinia sería estupenda, era muy buena en los ascensos, centrada y dispuesta, atenta a cualquier cosa que significara peligro, pero por otro lado, no quería que ella se arriesgara en una empresa como aquella, ellos no estaban allí para escalar, estaban como científicos.
Alann sabía que cuando Marinia tomaba una determinación, nada la haría cambiar, así que acepto que ella le acompañara.
-El plan es ascender hasta el campamento IV, desde allí debió hacer la transmisión, llevaremos agua y medicamentos, dos sherpas nos ayudarán.
Pero, a media noche los tres sherpas que se habían quedado como retén en el campamento III, llegaron con una gran sorpresa para todos.
Venían asustados y algo maltrechos, sus rostros reflejaban miedo, terror por algo que no era una tormenta de nieve o un viento espantoso y furioso, con ellos llegó Noow, que a penas si se tenía en pie.
Noow fue atendido por el médico de inmediato, medio congelado y con graves problemas de respiración, se había producido un edema; el sherpa había traído consigo una mochila con la cámara de Renecc y a pesar de su lamentable estado, no dejó que nadie tocara la cámara, solo quería hablar con Alann.
La tienda médica era un caos, el médico quería que todo el mundo allí dentro se marchara y que lo dejaran en paz con los enfermos, pero los amigos de los sherpas entraban y salía y hablaban sobre viejas leyendas y parecían cada vez más asustados; Alann quería saber lo que le ocurrió a Renecc, por qué no había descendido con él, dónde fue la última vez que lo vio… Marinia estaba más furiosa y comentaba con Jobs que aquello no pintaba nada bien, si los sherpas y porteadores tenían mucho miedo, podían decidir abandonar el campamento base y marcharse a sus lejanos y seguros hogares, porque el rumor se extendió muy rápido, extraños seres atacaron a los dos montañeros y se llevaron a Renecc.
Cuando por fin se produjo algo de calma, Alann entregó la cámara a Jobs, él se encargaría de revelar las fotos, después puso orden entre los sherpas y los tranquilizó explicándoles que Noow estaba enfermo debido al frío y a la altitud, que era normal las visiones extrañas y que pronto se recuperaría y se darían cuenta de que todo era una ilusión.
Sin embargo, Alann tenía sus sospechas, era cierto que el hombre había llegado enfermo y hablaba incoherencias, pero había algo de verdad en sus palabras, algo que a él le sonaba muy familiar, algo que él ya había vivido en su pasada juventud y ahora estaba dispuesto a demostrar que sus visiones no eran productos de la fiebre y el mal de altura. Su sueño, aquel sueño que escribió en su viejo diario estaba a punto de convertirse en una realidad.

 

X

 

Renecc se dio cuenta de que permanecía tumbado en un mullido lecho, se sentía ligero, y una sensación de calidez recorría su cuerpo. Permaneció en aquel recogimiento agradable un tiempo sin abrir los ojos, no deseaba abrirlos, abrirlos significaba volver a la realidad y todo era tan confuso en su mente.
Creía que permanecía en un sueño, sería el sueño de la muerte que lo estaba abrazando, si abría los ojos despierto se daría cuenta de que estaba recostado sobre la fría y dura nieve, congelado y a punto de expirar. Se movió ligeramente y no sintió el peso de su cuerpo.
“¿Me estaré elevando hacia el cielo?”, pensó extrañado pero con los ojos cerrados, su mente se calmo un instante y se dio cuenta de que no podía oír nada o mejor, se encontraba en algún lugar donde no se producían sonidos, “¿estoy muerto seguro?”, pensó mientras suspiraba profundamente y el suspiro si fue oído, volvió hacerlo con más intensidad y se volvió a oír. Movió las manos abriendo y cerrando los dedos, podía sentirlos, estaban allí, se frotó los ojos decidido a abrirlos y descubrir lo que le deparaba el entorno que le rodeaba.
Renecc parpadeó un par de veces e intentó enfocar la vista, al principio la oscuridad lo rodeaba y no distinguió nada, volvió a parpadear y levantó la mano izquierda para frotarse la frente, entonces se dio cuenta de los dedos de su mano, la última vez que los vio estaban negros, insensibles y muy, muy congelados, Renecc creía que se los tendrían que amputar, pero lo que ahora si distinguía entre una tenue claridad que parecía provenir del fondo, eran sus dedos en perfecto estado. Miraba atónito sus dos manos, dándose cuenta de que estaban sanas, se incorporó con cierta dificultad observando que se hallaba totalmente desnudo sobre un lecho de suave hierba seca, se dio cuenta de que se encontraba en un lugar físico, porque sentía la hierba que al tocarla, desprendía un agradable  olor a limpio, aquel olor le recordaba los prados cubiertos de lavanda de su tierra; podía ver su cuerpo y palparlo, no parecía sufrir lesiones por congelación… Renecc se asustó, muchas preguntas acudieron a su aturdida mente en un instante, ¿dónde estaba?, ¿cómo había llegado allí y su ropa…?
No había frío en aquella agradable semipenumbra, ni sonidos del poderoso y rugiente viento, ni el azote de la nieve sobre su rostro. Quería levantarse para salir al exterior, pero a la vez el miedo que comenzaba a crecer en su interior le impedía mover sus piernas, era un miedo extraño, a lo desconocido, a la desnudez que lo hacía sentirse débil sin posibilidad de desplazarse por el mundo exterior, donde moriría congelado en pocos minutos.
Quiso articular palabras, gritar, llamar a Noow, a Alann, quería llamar a su madre, dónde estaba su madre…, tenía ganas de llorar porque se sentía aislado y solo, perdido e indefenso.
Renecc percibió un movimiento, algo se abría con suma suavidad en el fondo de aquel lugar, la claridad que entró fue mínima, pero suficiente para distinguir una figura alta y delgada, al principio creyó que era un hombre muy alto que se acercaba a él de manera silenciosa, no podía distinguir su rostro ni exactamente la forma de su cuerpo, la figura se acercó a él y Renecc pudo ver su perfil, se dio cuenta alarmado que aquella persona tenía pechos de mujer, pero era demasiado alta y extraña para ser una mujer. El ser se arrodilló a su lado, Renecc la miraba aterrorizado alejándose un poco de la criatura pues vio que su rostro era diferente al de cualquier mujer, más tosco, primitivo, como los de los dibujos de los textos cuando hablaban sobre los hombres primitivos, sin embargo aquellos ojos que lo miraban directamente no tenían nada de primitivo, desprendían calidez y, lo que Renecc creyó, amor.
La criatura observaba al joven sin ofensa, en silencio y alzó una de sus grandes manos posándola con suavidad sobre la frente de Renecc, en seguida comenzó a sentir una paz interior profunda que lo calmaba, se volvió a recostar notando como una tibieza relajaba la tensión de sus músculos y el miedo se retiraba al rincón más alejado de su mente. Renecc cerró los ojos y se dejó llevar por aquella sensación de paz y serenidad, sentía como si su madre lo estuviera abrazando para alejar el miedo de las pesadillas nocturnas, creía encontrarse de nuevo en su hogar familiar, acogido y seguro por la presencia de su madre y así se durmió de nuevo.

 

 

 

 

 

XI

 

El helicóptero aterrizó en una explanada lateral del campamento base, nadie de los presentes habían esperado que llegara tal aparato, pero aquello revolucionó aún más a todos los componentes de la expedición. Avisaron a Alann antes de que llegara, pues el helicóptero era bien visible, de llamativo rojo y amarillo.
Alann se encontraba con Jobs y Marinia estudiando atentamente las fotos que pudieron revelar de la cámara de Renecc, exceptuando las anteriores al descenso, que estaba bien enfocadas, las demás eran borrosas y extrañas, aquellas instantáneas de la realidad vivida por Renecc y Noow no parecían tener mucho sentido, por un lado el muchacho apreció que se dedicó a fotografiar, de forma desenfocada, rocas compactas que analizándolas en profundidad no tenían sentido pies muchas presentaban cortes en forma recta y vertical, semejando un umbral, un portal en la pared de la montaña a unos 6.000 mtrs de altitud. En otras fotos había captado sombras que se movían en la ventisca, eran claramente formas antropomorfas, pero no se podían distinguir rasgos ni detalles, sin embargo para Alann tenían mucho significado y más que nunca deseaba subir allí arriba.
Según él, Renecc no estaba muerto, se lo habían llevado igual que hicieran con él cuando fue absorbido por el alud, los seres que allí habitaban lo habían rescatado de una muerte segura, lo sacaron bajo toneladas de nieve, escondido en una pequeña grieta, Alann esperaba la muerte y se encontró con unos semihombres, altos y muy fuertes, sus robustos cuerpos estaban cubiertos de un espeso pelo oscuro, el rostro tosco y primitivo poseía unos ojos vivaces e inteligentes, cuando lo tocaron para alzarlo, lo hicieron con sumo cuidado y en vez de sentir dolor, una calidez apacible recorrió su cuerpo y adormeció su mente.

 

Cuando Alann y sus dos amigos salieron al exterior de la tienda laboratorio, la ventisca formada por las hélices del helicóptero les hizo retroceder.
Alann estaba desconcertado, ¿a qué se debía aquello?
Marinia distinguió unas iniciales en un lateral del aparato y supo que eran de la compañía que patrocinaba a Renecc y les había cedido el satélite, sin decir que la mitad de los aparatos y materiales que estaban usando en aquella expedición, fueron donados por dicha compañía.
Del helicóptero descendió un hombre alto y moreno, llevaba un maletín oscuro y se acercó hasta ellos, el motor hacía mucho ruido, aunque las aspas comenzaban a ralentizar sus giros, Jobs hizo señal para que se alejaran del lugar y tras unos pasos se encaminaron a la tienda comedor.
-Siento presentarme de esta forma, sin avisar, pero los acontecimientos requieren de mi intervención… - dijo aquel hombre desconocido, Alann lo observaba interesando, a pesar de ir vestido adecuadamente para el sitio donde se encontraban, le pareció fuera de lugar, su estilo encajaba más con traje y corbata elegante, de corte perfecto y zapatos de los más caros.
-Mi nombre es Diegos, represento los intereses del Sr. Demetrius y creo que se ha producido un acontecimiento extraordinario…
Los tres permanecían en silencio, observando atentamente a aquel hombre sonriente y de aspecto amable, Diegos a su vez los miraba uno a uno, calibrando las posibilidades de un enfrentamiento verbal, ninguno de ellos le conocía y se daba cuenta de que en aquellos tensos instantes era un total intruso.
-Recibimos las coordenadas de Renecc antes de desaparecer – Diegos dejó de hablar, esperaba que en aquella pausa se produjera una explosión de preguntas, pero ninguno de sus interlocutores cambió de gesto, así que continuó – el joven llevaba un GPS incorporado entre las ropas y nos enviaría una señal de aviso en caso de que se produjera el hallazgo. Usted ya sabe a que me refiero, ¿verdad? – dijo mirando fijamente con sus oscuros ojos a Alann.
Alann pensativo afirmó y se dirigió a sus dos amigos:
-Conozco a Demetrius ya sabía que intentaría algo así…
-Renecc no está muerto y con la ayuda del helicóptero podrán llegar hasta el campamento III en un mínimo de tiempo, en mi portátil está fijado el punto donde desapareció – Diegos abrió el maletín mientras hablaba con su dulce y pausada voz, en la pantalla de su portátil apareció una mapa tridimensional con un punto rojo intermitente, también se veía unas líneas amarillas que marcaban el camino seguido por Renecc y Noow.
En ese momento intervino Marinia:
-Muy bonito todo, pero si sabe el punto exacto donde desapareció, porque no nos muestra el lugar exacto donde se encuentra, ahora.
El hombre se quedó algo pensativo y con una suave sonrisa le contestó:
-Porque el GPS ha dejado de transmitir desde que entró en esta área…

 

 

XII

 

Marinia miraba a través de la ventanilla del helicóptero como pasaba el paisaje a sus pies, tan rápido como el tiempo perdido escuchando las historias de aquel Diegos. Pronto llegarían al campamento III lugar donde llegó Noow medio muerto y desde allí seguirían las indicaciones de un pequeño rastreador que Diegos les dejó, en la diminuta pantalla aparecía el punto donde Renecc había desaparecido, aquel aparato recibía señales del satélite privado de Demetrius, aquel hombre era un mecenas de los negocios y de las telecomunicaciones, muy relacionado con la Gran Universidad, pero un total desconocido, muchos eran los que habían oído hablar de él, pero muy pocos los que lo habían visto en persona, uno de los afortunados era Alann, que al parecer había sido amigo de su padre.
Alann seguía silencioso y pensativo, desde que Diegos explicara que el lugar donde dejó de transmitir el GPS de Renecc pertenecía a una depresión profunda, una especie de valle encajado entre escarpadas laderas, que jamás había sido explorado y no se sabía gran cosa del lugar, el satélite no conseguía captar los relieves de aquella superficie, al parecer las transmisiones siempre eran borrosas y difuminadas…
Demetrius era uno de los poco que se había interesado de verdad por la historia vivida por Alann en su juventud, siempre le mostró su apoyo y se interesó por todo lo relacionado con los seres que vio y que lo rescataron de una muerte segura, fue Demetrius quien le instó a que se sometiera a sesiones de hipnosis regresivas y en aquella sesiones salieron a la luz cosas sorprendentes.
Aunque el subconsciente de Alann  estaba tan confuso como su memoria, describió a unos humanoides de gran tamaño, mucho más grande que los jugadores de baloncesto. Su aspecto parecía primitivo y tosco, con el cuerpo recubierto de un pelo oscuro y espeso, no llevaban vestimenta ni adornos, ni hablaban con sonidos como los humanos, sin embargo él podía oír en su interior como ellos le transmitían emociones e imágenes, no usaban palabras en un lenguaje desarrollado, sino sensaciones, sentimientos y paz, una gran paz interior inundó al joven Alann mientras estuvo bajo la protección de aquellos seres antropomorfos.

 

Después de bajar del helicóptero que encontró un lugar perfecto para posarse algo más arriba del campamento III, Alann y Marinia despidieron al piloto y a Diegos con un gesto de la mano y se encaminaron hacia la ruta que se habían trazado. Caminando con cierta dificultad debido a las nieves caídas en la última tormenta y respirando trabajosamente por la altitud,  ambos se apoyaban en sus bastones y Alann abría huella clavando los crampones, aquello le trajo recuerdos de otros tiempos cuando era más intrépido y aventurero, deseaba emular a su padre, un gran explorador que había formado equipo en sus viajes con Demetrius, ambos eran muy populares, escalaban las más altas montañas, descendían a los abismos de los océanos, abrían rutas en las selvas…
Pero, sucedió algo en las cordilleras perdidas de aquella región que hizo que su padre se retirara para siempre, buscara esposa y se dedicara a tener hijos y dar clases en la Gran Universidad. Desde entonces, su padre había ido decayendo, consumiéndose, mientras que Demetrius, forjó su imperio de negocios y telecomunicaciones.
Ahora todo aquello quedaba lejos, su padre murió y Demetrius se convirtió en su amigo y consejero, aunque las pretensiones de aquel poderoso hombre de negocios nunca habían sido las mismas que las de Alann.
XIII

 

El rostro de Marinia a penas si dejaba una zona de piel expuesta al viento frío y seco que comenzaba a levantarse, miraba con preocupación la poderosa e impresionante cima del la “Dama Diabólica”, comenzaba a formarse nubes al igual que en las cumbres cercanas, eso era señal de eminente formación tormentosa.
Alann le sacaba ventaja, ascendía por una suave pendiente, iban encordados y ella seguía las huellas abiertas por Alann. Cuando salieron del campamento base no había signos de formación nubosas, pero el tiempo en la montaña es tan imprevisible, que aquellas masas blancas y espesas no dejaban duda alguna, mal tiempo y ellos allí arriba sin ningún lugar donde protegerse.
Alann consultaba el GPS que les diera Diegos, cuando Marinia le alcanzó, jadeante por el esfuerzo, se deshizo de la mochila para buscar la cantimplora:
-Se está formando una tormenta, debemos buscar refugio, quedarnos a la intemperie es una locura…
-Estamos muy cerca, según esto – dijo Alann señalando el pequeño aparato – la formación rocosa que Renecc fotografió esta detrás de esta pendiente.
-Y según eso – le respondió Marinia señalando con el dedo la cumbre que ya no se podía ver oculta por las amenazantes nubes – tendremos una tormenta en menos de un par de horas…
-Tenemos tiempo suficiente, allí encontraremos refugio.
-¿Cómo puedes estar seguro?
-Muy fácil, por allí se llevaron a Renecc…

 

Marinia no quería discutir, guardó la cantimplora y siguió mirando hacia la tormenta con ojo experto, hizo un cálculo mental al ritmo que iban caminando y toda la pendiente que les quedaban por ascender, la tormenta los atraparía.
La mujer caminaba con dificultad e inquieta por todo lo que ocurría a su alrededor, el frío viento había cesado, pero una espesa niebla los cubría impidiendo ver con claridad el paisaje circundante. Alann consultaba cada minuto el GPS, se paraba y volvía a caminar en otra dirección, habían superado la pendiente y se encontraban en una especie de llano cubierto de nieve de donde salía a la derecha una pared rocosa oscura, al otro lado, a la izquierda, un impresionante tajo se desplomaba metros y metros hacia un abismo de piedras, rocas y nieve. Un paso en falso y nada quedaría de ellos dos.
Alann se volvió hacia su compañera:
-¡Debe estar por aquí!, ¡he encontrado esto! – dijo en voz alta enseñándole a Marinia un piolet amarillo, el piolet de Renecc.
Ella lo observó y miró a su alrededor, exceptuando la sombra borrosa de la pared rocosa, nada más se veía allí.
-Alann, va a comenzar a nevar de un momento a otro, hace mucho frío y aquí estamos muy expuestos, debemos descender o hacer un refugio…
La voz de Marinia sonaba asustada, él la miró sin ver sus hermosos ojos ocultos tras los cristales de las gafas glaciares, ni podía ver sus labios tan sensuales para él, ni su rostro que lo había enamorado…, era cierto que hacía mucho frío, demasiado, ella tenía razón, pero estaban tan cerca…
-La entrada tiene que estar por aquí – tocó la pared oscura y semioculta por la nieve, Marinia lo siguió.
Caminaban muy pegados a la roca cuando una poderosa ráfaga de viento gélido los azotó, era la tormenta que comenzaba a castigarlos, una especie de castigo por osar molestar a la señora de aquel reino de cumbres escarpadas y silencio sepulcral.
El GPS comenzó a fallar, Alann lo golpeó, la pantalla se oscurecía y se encendía y los datos vacilaban, Marinia temblando sin poder controlarse, siguió caminando pegada a la pared rocosa, intentando adherirse a ella para no ser despedida por el viento hacia el abismo, cuando de pronto tropezó y calló hacia dentro.
Alann oyó el grito y la buscó desesperado con la mirada, Marinia había desaparecido, no veía su traje de montaña de llamativo rojo, ella estaba justo delante de él y ahora no la encontraba…, avanzó llamándola a gritos, asustado, el corazón parecía desbocado a punto de salírsele, cuando una mano enguatado lo tocó en el hombro haciendo presión, Alann se giró sobresaltado y vio a su compañera medio oculta entre las rocas. Marinia tiró de él y ambos se encontraron en una especie de oquedad profunda y oscura:
-Aquí tienes tu entrada…creo – dijo casi en un susurro la mujer mirando hacia el interior de aquella extraña cueva.

 

 

XIV

 

Renecc se sentía algo desorientado, aturdido, su mente casi embotada no coordinaba muy bien, aquella mañana se despertó en el mismo lugar que recordará, la cueva cálida y el mullido colchón de hierbas aromáticas, vio que un haz de luz se colaba por alguna rendija de la extraña cueva o habitáculo donde se encontraba, pero la diferencia con el otro despertar es que se encontraba mejor, más fuerte, más despierto.
Se incorporó sin esfuerzo alguno y vio de inmediato que su ropa estaba allí, a su lado, dejada sobre el suelo pedregoso sin ningún orden, pero era evidente que alguien  había depositado con cuidado todas sus pertenencias, botas incluidas. Renecc suspiró dejando escapar el aire con fuerza y comenzó a vestirse preguntándose ¿dónde demonios estaba?, y ¿quién lo había llevado hasta allí?, casi estaba vestido cuando se dio cuenta de que habían dejado en la cabecera de su lecho algo de comida y agua.
El joven tomo el tosco cuenco con agua fresca y la bebió de inmediato, después observó la comida, depositada sobre una gran hoja verde había una especie de papilla o puré, acercó la nariz y olió el alimento, con los dedos de la mano derecha tomo un poco identificándolo con un puré espeso que parecía tener pedacitos de cereales, o al menos él así lo creyó. Se decidió a probarlo y noto que el sabor se asemejaba mucho a los cereales que él solía desayudar, con la diferencia de que no estaba azucarado, de seguida se metió otro bocado hasta terminar con todo lo que había en aquella extraña hoja.
La observó durante un rato, era muy grande y amplia, parecía la de una higuera por la forma, pero no la reconoció, entonces otra pregunta asomó en su perdida mente, ¿quién le había traído la comida?
De inmediato recordó la figura femenina a su lado, aquel rostro primitivo y las manos grandes y peludas, se asustó un poco y miró hacia lo que debía ser la entrada, ahora se percibía más luz. La mujer yeti, pensó Renecc, era quién lo había calmado en aquellos delirantes momentos y seguro que le trajo sus cosas y algo de comer y beber.
-¡Menuda historia! – dijo en voz alta y se escucho algo ronco y con voz seca -¡Alann he encontrado a tus hombres de las nieves! – su furtiva sonrisa se tornó en mueca de preocupación, volvió a mirar hacia la entrada, para llegar hasta sus amigos, pensaba muy serio, debía salir.
¿Qué había más allá de aquel confortable lugar? Renecc dio unos pasos encaminándose hacia la luz intensa, rozó con la mano izquierda la pared de la roca y se dio cuenta de que había sido tallada toscamente, no era una cueva natural estaba hecho por la mano de algún ser pensante, porque Renecc dudaba de que fueran hombres humanos los que allí vivían y le habían cuidado, sin embargo eran criaturas pensantes, cocinaban la comida, conocían la cerámica, utilizaban colchones y tallaban las rocas…, un gusanillo de intriga se despertó en el joven, ninguna cultura humana podía vivir en un entorno tan hostil como eran aquellas impresionantes cordilleras nevadas consideradas el techo del mundo, el cuerpo humano puede adaptarse a muchas cosas, pero tiene un límite y el frío y la altitud no eran precisamente un entorno ideal para la vida…
Mientras divagaba Renecc encontró un umbral resguardado por una pared, la luz era tan intensa que cerró los ojos de golpe sintiendo un dolor punzante, con los dedos se masajeó los ojos y comenzó a abrirlos lentamente, parpadeando. No veía nada, aún estaba cegado pero, poco a poco comenzaba su visión a adaptarse a la luz del sol en una mañana limpia y fresca, podía oír el sonido de una lejana cascada y el viento agitando las ramas cubierta de hojas de árboles cercanos.
Estaba muy nervioso, Renecc se sobrecogió de emoción, se sintió embargado ante lo que veía, quedó mudo y atónito.
Se encontraba en un lugar muy alto, fuera de la cueva había como un bancal amplio cubierto de suave hierba verde y fresca, la panorámica era sobrecogedora, en su conjunto se trataba de un valle muy cerrado y profundo, cubierto de exótica y abundante vegetación, una impresionante cascada caía desde lo alto y Renecc se dio cuenta que las cumbres nevadas estaba allí arriba, sin embargo, donde él se encontraba el aire era cálido y todo era un vergel en todos verdes. Dio unos pasos hacia donde terminaba aquella terraza y casi se mareó al observar la profundidad de aquel valle cubierto de bancales y senderos que subían, bajaban y comunicaban las terrazas unas con otras.
Allí no hacía frío ni el viento helado agitaba y golpeaba, del abismo profundo del valle surgía una suave niebla que ascendía y formaba volutas de vapor y entre aquella neblina que se dispersaba vio formas humanas en movimiento.

 

XV

 

Demetrius observaba la pantalla de su ordenador mientras Diegos transmitía los últimos acontecimientos desde el campamento base, la transmisión no era muy buena, se había desatado una fuerte tormenta y la imagen de aquel hombre que se encontraba a miles de kilómetros era borrosa y su voz entrecortada, pero Demetrius podía entender perfectamente lo que le decía.
Le había enviado las fotos que Renecc sacara de aquellos seres antes de desaparecer, y los análisis de los excrementos hallados también por el joven. Todo aquello tenía gran interés para Demetrius, todo era importante, pero su atención se centraba en los sucesos de Renecc, Alann y Marinia, eso era lo que a él le importaba de veras, lo que ellos hicieran, vieran y dijeran.
Ambos se despidieron, la conexión estaba a punto de perderse debido a tormenta así que Demetrius decidió apagar su ordenador. La pantalla se oscureció y su rostro quedó reflejado. Se observó así mismo, delgado y ojeroso, su cara no había envejecido demasiado a lo largo de los años, no como suele suceder en la vida de los demás.
Demetrius se reclinó sobre su confortable sillón en su inmenso despacho-biblioteca y miró atentamente el gran mapa que colgaba de la pared, era un mapa antiguo y enigmático, a él le encantaba los enigmas. Aquel trozo de pergamino había sido creado especialmente para dibujar los contornos de los continentes, islas y demás tierras perdidas que el autor vio o conoció, antes de que fueran descubiertas por navegantes y cartógrafos del pasado.
Una cuestión más sin resolver en la historia de la humanidad, allí, en aquella gran habitación de su mansión, se encontraban muchas de esas cuestiones que no tenían sentido para los antropólogos, arqueólogos, historiadores y hombres estudiosos del mundo.
Demetrius sonrió al posarse sus pequeños e inquisitivos ojos sobre una antigua foto en blanco y negro en el que él y el padre de Alann estaban, junto a dos sherpas, en aquellas altas cumbres sacando moldes de huellas imposibles. Fue una aventura trepidante donde sus destinos terminaron por forjarse, aquella fue la última aventura de ambos juntos, la última de todas.
El padre de Alann fue un hombre concienzudo pero, honesto, él se consideraba más alocado, ávido de conocimiento y ambicioso, “¡qué tiempos aquellos!”, pensaba Demetrius, “¡que joven era entonces!”.
Ellos dos tenían muchas historias que contar, habían vivido experiencias únicas y al final, la más extraordinaria de todas no los mantuvo unidos, sino que los separó para siempre. Ahora, después de tantos años, era como si volviera a estar allí de nuevo, no en cuerpo sino en alma, las grandes montañas volvían a ser las protagonistas en su vida, aquello despertó el gusanillo que vivía adormilado del joven aventurero que había sido.
Respiró profundamente y cerró los ojos centrando su mente en el presente, en el instante en que el aire fresco de aquella penumbra llenaba sus pulmones, podía sentirlo entrando, alimentando la sangre… su mente se deshizo del cuerpo y escapó como un fantasma invisible, recorrió las capas de energía que allí existían y veloz cruzó el mundo irreal en el que se encontraba hasta llegar a las mágicas montañas del místico Himalaya, se movía entre los campos de energías y vibraciones que allí existían, con extremo cuidado, pues en aquella otra dimensión no estaba solo.
El cuerpo astral de Demetrius buscaba una corriente energética que le era familiar y la encontró, siguió aquella nueva vibración como si se tratara de un canto hasta que estuvo tan cerca que su mirada podía ver a Marinia, la visión de los mortales en el mundo mortal le resultaba difícil a través de aquella dimensión, los veía lejanos, dispersos, como fantasmas, pero distinguía a la mujer y su unión con ella era especial y entrañable. Junto a ella estaba su querido Alann y entonces ambos desaparecieron de su visión, fue algo brusco e inesperado, sintió que el lazo que le unía a Marinia se había roto y todo se oscureció, algo en esa oscuridad se estaba formando, una sombra indefinida que fue moldeándose como el barro hasta tomar la forma de un hombre sentado en posición de meditación.
Su cuerpo astral dio un salto hacia atrás al reconocer la forma, incluso gritó “¡el Tulku!”.
Demetrius oyó una voz profunda e imponente que le hablaba directamente:
-Nada hay aquí para ti, vuelve a tu reino… - la voz le dio un empujón y literalmente Demetrius se agitó violentamente en su sillón despertando del trance totalmente angustiado, fatigado y a punto de sufrir un paro cardiaco. Jamás había conseguido superar aquella barrera, jamás había podido traspasarla, ni física ni espiritualmente.

 

XVI

 

Marinia y Alann se habían colocado sus linternas frontales, los dos haces de luces iluminaban con una luz blanquecina la oscuridad reinante en aquella cueva, Alann estaba como alucinado, no dejaba de hablar sobre el lugar en que se encontraban:
-…ya te lo dije, esto lo han tallado ellos, esos homínidos, son inteligentes y tienen capacidad para modificar la roca.
-Así que los yetis ahora son constructores… - dijo con cierto sarcasmo Marinia mientras bebía de su cantimplora y acariciaba con su mano enguatada la pared de la cueva – desde luego que ningún ser humano se subiría aquí para hacer una cueva, es de locos…
La mujer se alejó hacia el interior de aquel extraño lugar, al mirar hacia arriba la luz de su linterna iluminó el techo inexistente, más bien parecía que una estrecha grieta quebraba la parte alta del interior de aquella mole montañosa, parecía que habían aprovechado aquella cavidad para ensancharla y hacer una salida, pero ¿una salida desde dónde?
Alann se acercó a ella:
-Esto es una entrada o una salida y parece introducirse hacia el corazón de la montaña.
Marinia siguió andando hacia la oscuridad, aquello la intrigaba. El suelo estaba cubierto de nieve y se dio cuenta de que había huellas no demasiado viejas, se volvió y gritó al hombre:
-¡Huellas!, ¡son muchas y recientes! – algo captó su atención cuando la luz de la linterna iluminó brevemente el suelo, salió corriendo con habilidad a pesar de llevar puesto los crampones y Alann observó que se agachó a coger algo – esto es de Renecc…
Alann tomó el arnés con el material de escalada, lo estudió dándose cuanta de que no estaba roto o dañado, faltaban algunos mosquetones y otras piezas, pero no presentaba indicios de que estuviera roto.
Los dos siguieron introduciéndose en la helada oscuridad de aquel extraño lugar, no hacía tanto frío como en el exterior y existía una quietud inusual rota solo por el paso de ellos dos. Marinia se volvió hacia su compañero algo preocupada:
-¿Has comprobado nuestra posición?
Alann sacó el GPS con cierta dificultad y se quitó los guantes, observó que el aparato estaba inactivo, nada aparecía en la pantalla, sacó la radio e intentó llamar al campamento base, nada, la radio no funcionaba.
-Es como si…, no emitiera o recibiera señal…, que extraño.
-Creo que es la roca de este lugar, quizás genere algún tipo de campo que anula las ondas, a demás, si la tocas, no está fría – Marinia se había deshecho de los guantes y tocaba la oscura pared de piedra tallada, su tacto era tibio y suave y en algunas zonas reflejaba la luz como si fuera su composición de obsidiana.
Alann apagó su linterna y siguió caminando hacia el interior, Marinia le siguió con la vista preocupada:
-No deberíamos introducirnos…, no sabes que hay…
Pero, el hombre no la escuchó, se alejó más de ella perdiéndose en la oscuridad reinante.
-¡Alann, Alann!
-¡Marinia, aquí hay luz, aquí hay algo!
Al pagar la linterna, Alann observó que una suave luz impregnaba el ambiente seco del lugar, era muy tenue pero lo suficiente para guiarse una vez que se había adaptado la visión, ambos siguieron adelante agarrados de las manos, Marinia sentía una gran curiosidad, la luz era cada vez mayor. Entonces fue cuando un extraño y poderoso rugido los paralizó en el acto, provenía de su espalda, los dos se giraron despacio, como a cámara lenta para ver la figura enorme y poderosa de un hombre de las nieves.

 

 

XVII

 

No estaban solos, de pronto se vieron rodeados por aquellas criaturas míticas, Marinia no daba crédito a lo que veía, no sólo había un gigantesco hombre de las nieves que les cerraba el paso a su espalda, sino que varios de ellos les impedían avanzar. Alann le susurró algo a la mujer pero no creyó que ella estuviera en condiciones de oírle, él mismo sentía el corazón desbocado y un gran temor por lo que les pudiera ocurrir.
Aquel ser volvió a dejar salir un alarido atronador y ambos se apretujaron aún más, los de detrás avanzaban despacio hacia ellos, en silencio casi como sombras. Marinia se sentía cada vez más débil, sentía que sus piernas perdían fuerzas y creyó que iba a desmayarse, era extraño, una sensación de sueño como de gran cansancio imposible de evitar, cayó de rodillas y Alann la llamó por su nombre, pero ella a penas si se tenía despierta, cada vez más débil hasta que cayó inconsciente al frío y duro suelo de la cueva.
El hombre comenzó a sentir debilidad en las piernas, notaba que todo perdía consistencia, había visto caer desmayada a su compañera, verla tumbada le hizo sentir mucho miedo, pero él mismo comenzaba a caer en una ensoñación casi cómoda hasta que su consciencia se vio dominada por el estupor del sueño.

 

Más tarde en algún lugar indefinido, Marinia comenzó a salir de aquel sueño que la había invadido, se sentía algo embotada y con un leve dolor de cabeza, no reconoció el lugar, oscuro y cálido, pero una sombra se movió hacia ella desde el fondo, entonces, se asustó y alterada consiguió sentarse creyendo que aquellos seres la iban a atacar.
-¡Tranquila, Marinia! – dijo una voz bien conocida por ella, Renecc la tocó en el hombro a modo de acaricia para que ella se tranquilizara.
-¿Renecc, qué ha pasado…, estás bien?
-Si, y me alegro de veros…
-¿Alann, dónde está…? – Marina alterada miró hacia un lado y otro hasta localizar el cuerpo de su compañero, parecía aún dormido, pero comenzaba levemente a moverse y gesticular.
-Ellos os trajeron aquí…, estamos a salvo bajo su protección – Renecc parecía impaciente, deseaba hablar, estaba nervioso pero feliz, sujetó a Marinia y comenzó a decir atropelladamente cosas que para ella no tenían mucho sentido – Marinia, este lugar es fantástico, aquí no hace frío y no hay nieve…, crecen árboles y plantaciones de cereales, el agua está caliente…, debe tratarse de alguna corriente térmica, quizás de un río de lava o algún tipo de actividad geotérmica… - el joven cesó al ver que Alann se despertaba tan aturdido como él cuando volvió a la realidad.
El hombre miró a sus dos amigos y sonrió, se incorporó y observó lo que le rodeaba, sin extrañeza, él sentía que ya había estado allí, aquella sensación de paz y serenidad, aquel silencio…
-Alann, ¿te encuentra bien? – la dulce voz de Marinia lo despertó totalmente y al ver a Renecc lo abrazó con alegría.
-Alann, amigo, estamos donde tú ya estuviste en el pasado…, es el lugar de tus hombres de la nieves, el yeti no tiene nada de abominable, todo lo contrario, y también hay mujeres…
Mientras los dos hombres hablaban e intercambiaban descubrimientos, Marinia se acercó a la entrada de la cavidad, una doble pared los separaba del exterior, de derecha a izquierda y de repente Marinia se encontró con aquel paraíso que le describiera Renecc, pero la impresión la dejó asombrada, era cierto que allí crecían árboles y que los bancales en las inclinadas laderas montañosas estaban cubiertas de vegetación, alzó la mirada para ver las altísimas cumbres nevadas y aquello le pareció imposible, un vergel en medio de las más mortíferas montañas del planeta.
Alann se colocó a su derecha y Renecc a la izquierda, así se quedaron los tres contemplando aquel mundo insólito que era el lugar donde vivían aquellos seres que caminaban erguidos y se movían por los senderos que comunicaban las terrazas y bancales.

 

 

 

XVIII

 

Alann no sabía como sentirse, no sabía si echarse  a reir o tomar muestras de todo cuanto veía, por un lado, su yo científico y analítico le instigaba a investigar, pero su yo aventurero deseaba que se dejara llevar por las circunstancias y disfrutara plenamente ya consciente de todo cuanto veía y oía.
Era increíble, que después de tantos años, volviera a aquel misterioso lugar que le había marcado la vida y se sentía muy bien, como si volviera a casa, o al menos a una casa cuyos huéspedes le salvaron la existencia, le devolvieron la salud y lo depositaron vivo en el camino para volver con los suyos.
Renecc parecía el más entusiasta, su juventud y sus ganas de experiencias le hacían ver aquello como un paraíso secreto y escondido que acababa de ser descubierto para bien de la humanidad. Marinia por el contrario se encontraba sumida en un extraño silencio, parecía insegura y dudosa de cuanto veía, no se despegaba de Alann y solía tocarle la mano como para asegurarse de que el hombre estaba allí y no se encontraba sola en un sueño imaginario. Alann sabía que todo aquello rompía un poco los esquemas de la mujer, ella no solía especular con fantasías, le gustaba probarlo todo científicamente y si algo en el mundo no tenía explicación, era porque la ciencia no lo había descubierto aún.
Nada más salir de aquella gruta les esperaba en la entrada un hombre de las nieves, alto, grande y de aspecto imponente, un espeso pelo de color grisáceo le cubría todo el cuerpo y su rostro se asemejaba a aquellos primitivos hombres de las cavernas, los tres se quedaron un poco impresionados ante la presencia de aquel yeti y, a la vez, los tres sintieron como una oleada de clama los invadía, la criatura no mostraba intenciones hostiles, al contrario parecía transmitirles cierta paz.
Renecc fue el primero en hablar, lo hizo en silencio, con voz queda:
-Ellos no hablan con palabras…, es como si transmitieran emociones a través de la mente…, creo que es así como se comunican.
-¡Si, ahora lo recuerdo…! – exclamó Alann como si algo se hubiera desvelado en su cerebro – recuerdo aquellas sensaciones del pasado…
El hombre de las nieves hizo un leve movimiento con su gran mano peluda y ambos quedaron en silencio, la mirada de aquel ser humanoide era tierna y sincera, sus ojos de un verde claro no parecían tener diferencia con los ojos humanos, una pupila rodeada de un iris en el centro del globo ocular blanco, los miró de uno en uno y comenzó a andar por el senderillo tupido de enredaderas, los tres amigos lo siguieron sin decir nada.
Ascendieron lentamente y tuvieron la oportunidad de contemplar aquel maravilloso mundo escondido entre las gigantescas cumbres nevadas, finas cascadas se deslizaban por las musgosas paredes de roca, mientras otros seres caminaban de un lugar a otro, sin prisas, paraban un momento para observar a los tres humanos y seguían con lo que estaban haciendo.
De repente, el guía paró y les señaló la entrada de una gruta cuyo umbral formaba un arco perfecto, los tres entraron algo nerviosos aunque sabían que nada tenían que temer. Siguieron avanzando unos pocos pasos y de forma enigmática, una imagen empezó a formarse en el aire. Al principio parecía una nebulosa fantasmal que fue cobrando forma y color hasta ser identificada. Aquel fantasma flotante tenía el aspecto de un monje tibetano, vestido como era su costumbre, de rostro joven y cabeza afeitada, sentado en posición de loto parecía meditar.
El joven tulku abrió los ojos, los tres ojos, pues uno se formó en el entrecejo como si fuera parte de su propio rostro y les sonrió:
- Bienvenidos a Shangri-La…

 

 

XIX

 

Demetrius observaba con los ojos entrecerrados el rostro de Diegos a través de la pantalla grande de su despacho, la transmisión no era muy buena, pero lo suficiente para saber qué estaba ocurriendo, aunque Demetrius ya sabía más o menos lo que ocurría en aquel lugar tan alejado del mundo.
Diegos informaba sobre los sucesos en el campamento base:
-…algunos de ellos han abandonado el campamento, están asustados, este pueblo es muy supersticioso…, por otro lado, no creo que nadie se atreva a subir hasta allí para un nuevo rescate…
-No hará falta, amigo, no es necesario, ellos están bien, dales tiempo y aparecerán de nuevo…
-¿Ha contactado con Marinia…, o Renecc…? – preguntó sorprendido Diegos.
-No, hay algo que me impide entrar…, algo superior… - las últimas palabras las pronunció aquel hombre viejo y experimentado como si se perdieran en sus recuerdos, había confiado plenamente en la “unión” que existía, primero con Renecc y después con Marinia, aquella conexión que él había creado años tras años con esas personas le había dado la seguridad de poder accederle el paso a aquel mundo secreto y prohibido, pero todo fue en vano, cuando Renecc desapareció y el vínculo se cortó, Demetrius se sintió impotente, fracasado. Desde que aquel muchacho había nacido, él, a pesar del distanciamiento con su madre, lo había seguido y vigilado, le había abierto todas las puertas necesarias para que se convirtiera en un gran deportista de riesgo, no en vano era su hijo, su propio hijo, carne de su carne, aunque Renecc lo desconociera, él siempre había estado cerca, como su padrino secreto velando por su seguridad.
Sin embargo, Demetrius no estaba acostumbrado a los fracasos, y se fijo en Marinia, reforzó el vínculo que la unía secretamente a ella. Fue muy fácil manipular la organización de la expedición a las altas cumbres del mundo para que aceptaran proyectos de meteorología, Marinia estudia la influencia del cambio climático en los glaciares, que mejor que aquel lugar para que sus estudios tuvieran un amplio campo y, además,  se encargaría de los análisis meteorológicos para que el ascenso de Renecc fuera un éxito.
Llevaba urdiendo su plan muchos años, preparándolo y aplazándolo, aquella era su oportunidad para cerrar ese capítulo de su vida y descubrir al mundo lo que él y muy pocas personas sabían, un paraíso, un lugar de increíble poder, una civilización no humana viviendo en cohesión con los hombres, sin que estos supieran nada de ellos, exceptuando meras leyendas, pero él sabía que allí se daba otro gran secreto que la humanidad siempre había buscado, anhelado, allí se encontraba la fuente de la vida eterna, o al menos una de tantas que existían.
Marinia era un pariente consanguíneo cercano, pero no su hija, así que el lazo energético debía ser más fuerte y duradero que en Renecc, lo que le llevó a un desgate de energía excesivo, aún se sentía agotado, acusaba cansancio que sus médicos achacaron a su anciana edad y el encuentro con el Turku le dejó una inquietud, un desasosiego…
Demetrius se sentía cada vez más viejo y débil, aun así era extraordinariamente fuerte y activo para un hombre que ya rozaba los 100 años, y precisamente por eso en las últimas décadas había llevado una vida retirada, anónima y muy pocos hombres y mujeres lo habían visto en público. Él no parecía tan viejo como en realidad era, lo que podría levantar la sospecha en ciertas sociedades, así decidió ser prudente y cauto para manipular desde las sombras.

 

 
XX

 

El silencio reinaba en aquella gruta cuya claridad tenue distorsionaba la pared rocosa e impedía ver el fondo que se internaba en la oscuridad de un interminable pasillo. Alann dio un paso adelante parpadeando, la imagen fantasmal de aquel monje tibetano suspendido en el aire y con el tercer ojo mirándolo fijamente le parecía irreal, su mente se preguntaba dónde estaba, quién era aquel hombre, pero su corazón parecía tranquilo, sereno, incomprensiblemente, la quietud del lugar lo relajaba.
-¿Quién eres? – preguntó en voz baja como temiendo ofender al viento.
-Soy un peregrino y al igual que vosotros solo estoy aquí de paso – la  respuesta desconcertó a Alann – pero tú ya has estado antes y eres el único que ha vuelto dos veces como hombre.
Marinia se acercó al tulku como intentando asegurarse de que físicamente aquel extraño monje estaba suspendido en el aire, pero para su sorpresa, ni si quiera estaba allí, era como una imagen fantasmal irreal e imposible, la  miró con una sonrisa cálida:
-Este lugar no nos está permitido, ningún humano puede traspasar las fronteras de esta sagrada tierra…, sólo los perdidos en la montaña que aún no han sido devorados por la fría muerte helada, pueden recuperar el aliento para ser devueltos – el monje calló en silencio y cerró los ojos por un instante, su imagen pareció fluctuar como si una onda la agitara – vosotros regresareis porque os están esperando…
Renecc estaba alucinado, con los ojos muy abiertos, en un principio se quedó paralizado ante la visión, pero después de oírle hablar fue relajándose poco a poco, no quería que aquel monje o lo que fuera desapareciera:
-¿Dónde estamos, cómo regresaremos…? – preguntó atropelladamente.
El tulku volvió abrir los tres ojos y miró fijamente al joven Renecc:
-Estáis en un santuario, una tierra que no está destinada a los hombres, un lugar que no ha sido mancillado y sus habitantes viven puros y libres. Desharéis el camino andado hasta llegar a vuestra morada…
El tulku volvió a cerrar los ojos y su imagen comenzó a difuminarse, a perderse entre el juego de sombras y luces como si jamás hubiera estado allí, Renecc dio un paso:
-¡Espera!, ¿Shangri-La es la tierra de la eterna juventud…? – su voz retumbó violentamente en el fondo de la caverna devolviendo ecos sin respuesta, hasta que la paz volvió a rodearlos, Marinia miró sorprendida a al joven escalador que seguía dirigiendo la mirada al lugar en el aire donde había estado el monje:
-¿Qué pregunta es esa?
-Alann lo sabe…, pregúntale a él.
Marinia miró a su amado sin saber de que hablaba Renecc, Alann afirmó levemente con la cabeza:
-Ya lo has oído, estos seres rescatan a los moribundos de la montaña y tras curarlos y sanarlos los devuelven; cuando me rescataron yo debía estar destrozado por el alud, y sin embargo en un periodo muy breve, ellos me sanaron…, Renecc tenía importantes congelaciones y posiblemente edema, ahora no tiene nada de nada…, este santuario debe poseer un poder de recuperación impresionante – Alann comenzó a divagar, Marinia lo miraba desconcertada y Renecc afirmaba todo lo que decía – puede que sea el agua, o el aire, puede que las cavernas lleven hasta una fuente de energía curativa…, ¿no te das cuenta, Marinia?, ¿a caso no te siente más fuerte…?
La interrupción de un sonido gutural hizo que todos miraran hacia atrás, en el umbral de entrada se encontraba uno de aquello hombres de las nieves, este era mucho más alto que el anterior, de pelo muy oscuro y rostro amenazante, enseñó los dientes, blancos y perfectos, volvió a gruñir y retirándose de la entrada los tres amigos abandonaron la cueva, no hizo falta palabras ni sensaciones mentales para saber que quería aquel yeti de ellos, que los siguiera ascendiendo por un pequeño camino cubierto de alta hierba verde. Llegaron a un claro con una terraza amplia de impresionante panorámica, allí había una fémina de pelo castaño rojizo, los miró uno a uno con su rostro arrugado, debía ser muy vieja y a la vez muy sabia. Cerró sus ojos que parecían cansados y se relajó, Alann, Marinia y Renecc sintieron como una oleada de sueño los invadía, reconocieron los síntomas, estaba dejándolos dormido otra vez. Alann intentó resistirse, cerró su mente empujando con fuerza la onda mental que lo atenazaba para que se quedara inconsciente, luchaba contra ese poder mental mientras intentaba mandarle un mensaje, “no quiero dormir, quiero verlo todo”, le decía, pero la yeti incrementó la fuerza que empujaba para hacerse entrar en su mente…, era demasiado poderosa y él comenzaba a sentirse cansado, agotada sus fuerzas quiso gritar, pero la oscuridad lo envolvió y perdió el control.

 

XXI

 

Se encontraban en un hospital, estaba bastante claro, Marinia fue la primera en despertarse, aturdida y desorientada, una angustia le atenazaba el estómago y al abrir los ojos la clara luz que procedía del techo la cegó. Sonidos humanos llegaron hasta sus oídos, un megáfono llamando a alguien, pasos, voces, un suspiro.
Al principio tubo miedo, pero pasó rápido al darse cuenta de que se encontraba en una cama de sábanas blancas y limpias, sus compañeros estaban en otras dos camas no lejos de la suya. Vio a alguien que se movía de una cama a otra, la identificó como una enfermera y quiso llamarla, pero su garganta parecía lastimada y le costo trabajo emitir algún sonido. Alguien se acercó a ella y una gran alegría la inundó, era Jobs muy sonriente le cogió de la mano:
-¡Dios mío, Marinia, me alegro de que despertaras!
-¿Qué a pasado?, ¿dónde estamos?
-No te alteres – le dijo el hombre intentando calmarla – estamos en un hospital militar, os trajimos en el helicóptero de Diegos, los demás están bien, Alann y Renecc solo están deshidratados, al igual que tú, pero os recuperáis bien.
-¿Qué ha pasado, Jobs?, es que no recuerdo lo que ocurrió…
Bueno chica, no quiero que sufras, aún estás débil, pero te diré, que os encontramos descendiendo hacia el campamento base, Renecc tiraba de Alann y tu parecías perdida, bueno, los tres parecíais perdidos, diciendo incongruencias… - el hombre se silenció por un momento, miró a su alrededor, en la habitación no había nadie – vuestra aventura ha sido extraña, pero rescatasteis a Renecc y ahora los tres estáis aquí, de vuelta.

 

Mientras, no lejos de allí, Diegos utilizaba su portátil para conectar con Demetrius, en sus ojos había preocupación, y antes de entablar enlace, se relajó respirando profundamente, no quería que Demetrius viera en él ninguna debilidad, contó hasta diez y se centró en la tarea que tenía por delante. Nada había salido como planearon en un principio, casi habían estado a punto de perder a Renecc, Alann y Marinia, ellos al parecer no recordaban nada de lo ocurrido en aquellas horas que permanecieron desaparecidos del mundo, ninguna señal, ninguna prueba, a excepción de la muestra que el joven Renecc encontró y las fotos, pero ahora había un contratiempo, los militares sabían que la expedición había tenido problemas, el agente de enlace asignado por el gobierno de aquel país, había informado sin omitir detalles de lo acontecido. Diegos quería sacar aquellas muestras de heces y los negativos de las fotos antes de que terminaran requisados por los oficiales de la aduana, debía actuar con presteza y saber a quien sobornar.
Cuando Diegos terminó de informar a su jefe, no esperaba que éste le dijera que debía hacer, sin embargo, Demetrius comprendió que quizás los militares retuvieran no sólo los informes y equipo, sino a los expedicionarios, y eso no podía ocurrir.
-Diegos, quiero que te los traigas a todos y las muestras y fotos, utiliza toda tu influencia y el dinero que haga falta, sobre todo no dejes que nadie toque las muestras, aquí las podemos analizar mucho mejor…, imagínate Diegos, de esas muestras se puede sacar ADN.
 

 

XXII

 

El despacho de Demetrius se encontraba en semipenumbra, hacía ya un par de horas que el sol desapareció por el horizonte de poniente, las estrellas iluminaban un cielo limpio y claro y la luna dibujaba una fina sonrisa que día tras día iría creciendo. Demetrius observaba pensativo su pantalla del ordenador, en ella se dibujaba una complicada espiral de distintos colores, gráficos y una serie de números, letras y demás datos, allí estaba lo que tanto había anhelado.
Se reclinó sobre el sillón y cerró  los ojos por un instante, respiró profundamente y una paz lo embargó. Su destino no era ver con sus propios ojos aquella tierra secreta y poderosa, ni beber de la fuente de la vida, pero ahora disponía de algo con lo que trabajar, al final había superado al tulku, sus esfuerzos por evitar su entrada habían fracasado. Demetrius tenía la información del ADN de los hombres de las nieves, poseía los medios para clonar una de esas criaturas…
Unos golpes en la puerta del despacho lo sacó de sus ensoñaciones y automáticamente cerró el ordenador, dio paso a la visita que estaba esperando y se alegró mucho de verlos, a los tres, sanos y salvo en su casa.
Alann no quiso sentarse, serio y silencioso miraba por la gran ventana sin ver nada, sus pensamientos iba y venían una y otra vez a lo que  había sucedido en las montañas, sus recuerdos eran más vividos, más perfectos, mantenía viva la imagen de la charla con el joven lama, la tierra cubierta de verdes árboles y bancales llenos de frutos, y a aquellos seres, altos, peludos extraños. De su memoria se había perdido la forma en que llegaron al campamento base y fueron trasladados al hospital, pero eso para él carecía de importancia, lo importante había sido el contacto con una civilización totalmente ajena a la humana, unos seres que en nada se parecían a los humanos, excepto en su forma; un vergel en medio de la altitud extrema y las nieves perpetuas, un lugar que sanaba las heridas por muy mortales que estas fueran…, un lugar que ahora se le antojaba el paraíso, el verdadero paraíso.
-¿Cómo podremos volver allí? – preguntó Alann sin dejar de mirar la oscura noche.
Demetrius lo miró sonriente:
-Me temo que por la ruta que tomasteis será imposible, poco después de ser evacuados en helicóptero, un terrible alud, como nunca ha sido visto en el lugar, sepultó los campamentos de altura, eliminó toda posibilidad de acceso, el paisaje de la montaña ha cambiado, de tal forma que las siguientes expediciones tendrán que ascender por otras vertientes…
Alann quedó en silencio, cómo le hubiera gustado trabajar con aquellas criaturas, estudiarlas entablar conversación aunque fuera de forma telepática, como antropólogo era el sueño de su vida. Demetrius se acercó a él sabiendo lo que el hombre pensaba:
-Pero, no todo está perdido, Alann, te lo puedo asegurar.
Marinia se levantó del cómodo sillón y se acercó a Alann, le rozó el brazo intentando consolarlo, él le había hecho partícipe de su desesperanza y sabía como se sentía, dos veces había estado en aquel misterioso lugar y dos veces los había perdido.
La mujer dirigió una mirada de furia hacia Demetrius:
-¿Por qué estamos aquí? –
-Os he mandado llamar a vosotros dos para daros las gracias – dijo el anciano mirando a la joven y después a Renecc.
-¿Las gracias? – dijeron tanto Marinia como Renecc sin comprender nada.
-Las gracias por ayudarme, debéis saber que formabais parte de la expedición porque así yo lo dispuse, yo creé el proyecto de estudio de los glaciares y el hito de la conquista de la Dama Diabólica, os elegí entre todos por vuestra competencia y porque sois parte de mi familia…
Las últimas palabras parecieron hacer eco en la gran habitación repleta de libros y objetos antiguos y curiosos, mapas, cuadros y mobiliario de otras épocas, etc.
Los tres se quedaron sorprendidos y Renecc con la boca abierta, depositó en la mesa el baso de whisky antes de que se cayera al suelo.
-¿Qué está diciendo?, mi madre nunca se caso, mis abuelos son parisinos, ella dijo que mi padre…
-Te mintió Renecc, yo soy tu padre, tu madre, por razones que respeto, se alejó de mí, pero yo  nunca lo hice de ti.
-¡Eso es imposible, tú…, tú…, eres demasiado viejo! – Renecc estaba muy nervioso, desconcertado, siempre creyó a pies juntillas lo que su madre le había contado sobre la historia de su padre, pero ahora resultaba todo mentira, no podía creerle, y sin embargo, Demetrius siempre estuvo a su lado.
Marinia se adelantó a Renecc mirando fijamente a los ojos de Demetrius, si pudiera expulsar fuego por ellos, ya habría incinerado al anciano allí mismo:
-¿Qué significa esto, que yo también soy tu hija?
-No mi querida Marinia, tu eres mi nieta, tu madre es hija mía, mi maravillosa hija, indómita, libre y rebelde. Me odiaba desde que era una niñita y me culpó de la muerte de tu abuela…, sabes Marinia que te pareces a tu abuela.
Demetrius se acercó hasta la mesa de su despacho y cogió un portarretratos, se lo enseñó a la estupefacta Marinia y con el dedo señaló una persona del grupo que representaba.
-Dulce y maravillosa, inteligente y creativa…, mi amada esposa me dio una hija que nunca me quiso, no me extraña que no te hablara de mí, sin embargo, yo siempre seguí tus pasos y te lo puse todo por delante.
Esta vez fue Alann quien se acercó a Marinia y la abrazó, mientras miraba confusamente a Demetrius, él lo conocía desde hacía mucho tiempo, lo había visto entrar en su casa cuando era un niño, hablar con su padre, ¿significaba que también eran familia?
Demetrius se volvió a sentar en su gran sillón del despacho y sacó una carpeta del cajón:
-Los parentescos terminan aquí, Alann, te aprecio mucho, pero eres hijo de tu padre y de tu madre, yo no tengo nada que ver. Ahora, quiero que aceptéis esto – dijo mientras sacaba unos sobres y los extendía sobre la mesa – habéis hecho un buen trabajo y debéis ser recompensados.
Marinia en un movimiento rápido e inesperado, tomó el sobre y lo abrió observando una enorme cantidad de dinero, billetes nuevos, grandes que olían a papel recién imprimido.
Apretó el sobre con rabia dispuesta a hablar:
-Casi perdemos la vida allí arriba, y aún no nos ha dicho el por qué.

 

XXIII

 

Corría el año 1920 cuando un grupo de jóvenes de origen alemán, familias nobles, inteligentes y audaces, decidieron realizar una expedición en busca de una tierra mítica, viajaron hasta las cumbres más altas del mundo, perdidas en la nieve, montañas hasta aquel  momento no conquistadas, que pertenecía a pueblos exóticos y milenarios. Muchos pensaron que eran unos locos aventureros que malgastaban las fortunas de sus familias, pero ellos sabían muy bien lo que hacían y en sus mentes existía una meta bien preparada.
Eran miembros de una rama de  la sociedad Tule, instruidos en saberes  arcanos y secretos ancestrales y buscaban un conocimiento que sus maestros no podían o no querían darles, por considerarlo demasiado peligroso. Aquellos jóvenes pasaron mucho tiempo viajando de un lugar para otro, conociendo, indagando. Algunos murieron de frío, congelados en alguna grieta glaciar, otro perdieron la razón con alucinógenos en un fútil intento de alcanzar el nirvana. Pero, los más fuertes, de mente, cuerpo y espíritu consiguieron salvarse hasta llegar al Templo de los Sabios, buscaban respuestas que no obtuvieron, guía que no encontraron, conocimientos que no les fueron revelados. Y sólo uno de ellos comprendió que al saber supremo sólo se accede desde la posición más humilde y al poder sólo se llega con disciplina y sufrimiento.
De aquella élite de aventureros, sólo uno regresó.
Bastian se despojó de todo, ropas y pertenencias, dineros y joyas, todo aquello de valor que trajo consigo desde Alemania hasta las cumbres del Himalaya lo abandonó y desnudo cumplió penitencia ante las puertas del templo hasta que los monjes se apiadaron de él y lo admitieron en el interior de aquel templo del saber, donde jamás ningún hombre, que no fuera de aquellas tierras, había sido admitido.
Limpió suelos, lavó ropa, cocinó y fregó, se dejó humillar ante las burlas de los jóvenes monjes aprendices, pasó frío y hambre y nunca se quejó. Poco a poco, su presencia fue asimilada por los monjes y poco a poco le fueron dejando asistir a sus clases. Se vistió como ellos y aceptó sus costumbres, fue buen estudiante, aplicado e inteligente y se ganó la confianza de los más viejos y sabios, se convirtió en el favorito del tulku.
De él aprendió cosas que jamás abría sabido dentro de la sociedad Tule, aprendió a dominar los sentidos y las voluntades, a ver lo que está oculto, a volar en espíritu por las dimensiones…
Bastian siempre quería más y el tulku, aquel joven lama tan sabio como los más viejos hombres de la Tierra y tan viejo como las montañas, decidió que ya sabía bastante y que era hora de que regresara a su verdadero hogar, a su tierra.
Así volvió Bastian a su mundo real, a una Europa que declinaba hacia un estado de Guerra Mundial, un lugar peligroso para sus sueños y se trasladó a América del Norte para comenzar una vez más, con una vida nueva.
Paciente comenzó a forjar su imperio desde cero, ascendió en la escala  social  utilizando todos sus poderes y conocimientos, cambió su nombre por el de Demetrius y se rodeó de lo mejor que aquella sociedad americana podía darle. Buscó deportistas y hombres que desearan enfrentarse a los desafíos y entabló amistad con el padre de Alann. Pasó el tiempo y llegado el momento ambos formaron una expedición para conquistar las cumbres más altas del mundo. Pero, en su interior, Demetrius deseaba lo que el tulku le había negado, buscar la fuente de la eterna juventud en la mítica Shangri-La.
Aunque sus conocimientos esotéricos y místicos adquiridos junto al tulku le habían echo más fuerte y duradero a la vejez, Demetrius odiaba la decrepitud del cuerpo humano, él ansiaba ser inmortal y creía que en aquella tierra de leyenda se encontraba la más poderosa fuente de inmortalidad de la Tierra, de ahí que aquel lama fuera eternamente joven a pesar de tener cientos de años.
Pero, la desgracia siempre acompañó a aquella expedición, la Dama Diabólica nunca se dejó conquistar por los altivos hombre occidentales y lo que más enfurecía a Demetrius era que la entrada a Shangri-La le fue negada siempre, antes y ahora. El padre de Alann se perdió en una terrible ventisca y apareció a las pocas semanas sano y salvo, desorientado y confuso, pero sin ningún daño en su cuerpo, deliraba hablando de un paraíso y unos seres extraños y Demetrius supo que había estado allí.
Obcecado con la idea de entrar en aquel reino vetado, instó a su amigo a que le guiara, surcó mentalmente todas las estribaciones de las montañas en busca de una fisura para colarse, pero el tulku siempre estaba allí, el guardián de la tierra de la eternidad.
El tiempo pasó y Demetrius comenzó a forjar otro plan, si él no podía entrar, otros lo harían por él.
Si algo aprendió durante su larga estancia en el Templo de la Sabiduría, fue a ser paciente.

 

EPÍLOGO Y FINAL

 

Demetrius terminó con su relato y de un trago se bebió el dorado licor que había en su baso de cristal, el mejor whisky de Escocia. Era más de media noche, saboreó aquel dulce sabor, pastoso y suave, dejó que el silencio inundara su despacho y que aquella historia hiciera un hueco en la mente de Alann, Marinia y Renecc. Reconocía que todo aquello era difícil para los tres amigos, sobre todo para Marinia y Renecc y que necesitarían tiempo. Diegos también se encontraba en el lugar, silencioso se había sentado en un sillón alejado de todos, observaba la escena sin manifestar gesto alguno, iba elegantemente vestido, de un oscuro maletín había sacado tres carpetas y esperaba paciente la orden de Demetrius para intervenir.
-Todo hasta ahora, ha ocurrido según mis designios – dijo el anciano con cierto placer – sois lo que sois porque yo así lo quise…
Marinia apretó la mano de Alann con fuerza, enfurecida por todo dijo con rabia:
-¿Quieres decir que nos has manipulado siempre?, ¿qué hemos sido tus marionetas?
-Si y no, Marinia, querida, tú siempre has tenido en tu poder la voluntad para decidir que hacer en tu vida. Estudiaste arqueología y hubieras sido una brillante profesora, pero aquel viaje por el Camino de Santiago de Compostela, hizo que cambiaras, ¿verdad?...
Marinia recordó aquel maravilloso viaje junto a una nueva amiga llamada Silvania, la conoció al comienzo de su peregrinación, y que casualidad, había estudiado meteorología y era la chica del tiempo en uno de los más prestigiosos noticieros de una cadena privada…, que pertenecía al imperio de Demetrius. La luz se hizo en la mente de la mujer, aquella compañera de viaje le había hablado maravillas de sus estudios, el tiempo, los cambios atmosféricos y Marinia siempre se había sentido fascinada por todo aquel mundo…
-Yo te puse a Silvania en tu camino, el resto lo hiciste tu misma y me atrevo a decir, que eres mucho más feliz así que si estuvieras dando clases en la Gran Universidad. En cuanto a ti Renecc – dijo mirando al joven que parecía aturdido, con demasiados pensamientos en la mente – eres joven e impetuoso, me alegró mucho que sintieras especial devoción por los deportes de montaña, sólo necesité un pequeño empujoncito para lanzarte a la conquista de las mayores cimas del mundo.
Alann se levantó y se dirigió hacia la mesa despacho de Demetrius, dejó su baso y contempló en silencio el precioso mapamundi que colgaba de la pared:
-Pero, no hemos servido de mucho a tus propósitos, no has podido entrar en Shangri-La.
-Vuestra presencia allí me basta, sobre todo tu Alann que ya has estado dos veces, tomamos muestras de sangre cuando estabais en el hospital, están siendo analizada, esa sangre contiene elementos muy interesantes, después está la muestra que encontró Renecc del yeti, de ahí podemos sacar el ADN, quizás no haya podido entrar personalmente en aquel recinto sagrado, pero lo habéis traído con vosotros.
Alann recordó las palabras del tulku y las dijo en voz alta:
-Aquel lugar no nos está permitido, no puede ser mancillado…
-No me interesa mancillarlo, además, el acceso que encontrasteis ha sido borrado por un alud, sin embargo, la aventura no ha terminado.
Dichas estas palabras, Demetrius miró a su ayudante y secretario, y con una inclinación de la cabeza, el otro comenzó a hablar:
- El Sr. Demetrius os ofrece un trato o contrato, como gustéis llamarlo – Diegos abrió las carpetas, los tres amigos le observaban atentos y silenciosos – os ofrece que seáis beneficiarios de un porcentaje de su herencia en vida, a cambio de realizar ciertas actividades para él, se os ingresará una cantidad de dinero todos los meses y no deberéis preocuparos de los impuestos…
-¿Qué actividades? – se atrevió a preguntar Alann, aquello lo estaba intrigando, imaginaba como se sentía Marinia disgustada por sentirse manipulada, pero la verdad es que la velada estaba resultando de lo más interesante, miró a Renecc, el chico parecía estar pasándolo mal, pero prestaba atención a todas las palabras que allí se pronunciaban.
-Actividades de búsqueda de conocimientos y objetos perdidos en la Historia del Hombre.
Renecc se tomo su whisky de golpe:
-Como Indiana Jones… - dijo a modo de burla.
Diegos lo miró sin perder su sonrisa:
-Si quieres llamarlo así, sólo deberéis firmar aquí, del resto me encargo yo – señaló el lugar de la firma y dejo el bolígrafo sobre los papeles.
Marinia se levantó con brusquedad, aún apretaba el sobre con la recompensa:
-Debo pensarlo – sin mirar atrás, salió del amplio despacho y se alejó por el pasillo.
Renecc dudó en firmar o salir corriendo, al final tomo su sobre con el dinero por el trabajito realizado y salió tras los pasos de la mujer. Alann dejó escapar un suspiro, cogió el sobre y miró a Demetrius, se encogió levemente de hombros:
-Hablaré con ella – se despidió y se marchó.
Demetrius sonrió y se reclinó en su sillón, mientras su secretario lo recogía todo:
-No lo guardes muy lejos, firmarán.

 

 

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Nota de la autora:
Todo cuanto he escrito es original mío, puede que la historia se parezca a otras ya existentes, pero la verdad es que nunca leí ninguna de ellas. Sobre los mitos y leyendas del Yeti, hombre de las nieves o como quiera llamársele, hay muchos libros que hacen referencia a este ser, desde la antigüedad se le ha podido divisar en las espesuras de los bosques y selvas, en los lugares más recónditos de las montañas del mundo y al parecer, últimamente también en las cercanías de algunas ciudades.
Su existencia no ha podido ser probada hasta hoy, pero seguro que son mucho los expertos que desearían poder estudiar a esta misteriosa criatura legendaria.
Shangri-La es una ciudad o lugar tan irreal como deseada, puede que exista y puede que no, pero al igual que las leyendas del yeti, son muchos los que afirman que escondida entre las altas cumbres del Himalaya se levantó una ciudad eterna y sabia; existen otros lugares poderosos parecidos a Shangri-La, en el planeta, al parecer están situados en lugares donde confluyen líneas de energía telúricas.
Ciertas o no, las leyendas sirven para dar vuelo a la imaginación de los seres humanos y poder vivir historias como estas.



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